Este año hemos tenido un final de campamento que todavía nos cuesta creer pero que ya llevamos muy adentrito en nuestros corazones (pincha aquí para ver la primera parte de este resumen de temporada). Hace mucho tiempo, allá cuando Hadiqa daba sus primeros pasitos con escolares en Doñana, cuando no éramos más que un@s jóvenes deseos@s de enseñar, tuvimos la suerte de conocer a unas crías locas dispuestas a todo por disfrutar.

Eran capaces de hacer reír hasta que duele la barriga, querían conocer todo aquello que rodeaba sus pequeños cuerpitos, que veían sus despiertos ojos; abrazaban árboles, pero no como las que simplemente rodean un tronco, sino como aquellas que saben escuchar en el silencio, que sienten la energía; dejaban al descubierto las sensaciones que les provocaba el viento, la arena, las olas, el sol… oían nuestras historias como si les contáramos una verdad del mundo que no conocían, como si hasta ese momento no conocieran la magia. Ahora, después de algún tiempo, hemos sabido que fue entonces cuando empezaron a interiorizar un mundo que formaría para siempre parte de ellas.

Hace ya más de 6 años de todo aquello, mucho desde que nuestros caminos se cruzaron, de que sin saberlo hicieron crecer en nosotr@s presencias hasta entonces desconocidas. Y este año, justo cuando terminan sus estudios, cuando sus caminos se distancian buscando nuevas aventuras, cuando van a cerrar un ciclo de sus vidas, deciden hacerlo en el ya nuestro paraíso frente al mar, junto a nosotr@s. Hemos pasado junt@s unos días increíbles e inolvidables, ha sido como si el tiempo no hubiera pasado, ¡¡¡no, mejor aún!!! como si después de mil aventuras vividas el tiempo nos regalara la oportunidad de vernos sin saber que fueron vividas por separado.

Hemos derramado lágrimas, compartido alegrías, deseos, lugares secretos, cumpleaños, juegos, historias, regalos… hemos sentido tanto y tan adentro la magia que proyecta aquello que hacemos, que siempre nos faltaran palabras para expresarlo. Aquí os dejamos, por préstamo, las que ellas nos dedicaron:

Si nuestra vida fuera un mapa, sin duda Doñana aparecería marcado con una X de color rojoSería como uno de esos lugares en los que los piratas esconden sus tesoros más preciados durante años, con el fin de volver a recuperarlos habiendo vivido antes mil aventuras por el camino.

Recuperar ese viejo tesoro que viene en forma de sol, mar, olor a sal y arena, y que lleva seis años formando parte de nosotras sin que nos diéramos cuenta, pero sin abandonarnos nunca.

Y nos gustaría daros las gracias por haberlo hecho posible, por habernos ayudado a que cerremos este ciclo tal y como lo empezamos, en Doñana, aunque esta vez siendo algo más viejas y (esperamos) habiendo aprendido mil cosas durante este camino que nos ha traído de vuelta”.

Mil gracias Carmen (Julia), Clara, Rosa, Irene y Sofía, mil gracias kodamas. ¡¡¡Os queremos!!!

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